PROGRAMA DE INTERVENCIÓN CON ENFERMOS DE ALZHEIMER

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11/05/2009

Carta de una cuidadora a su madre enferma de Alzheimer

Recuerdas, ¿quien curó tu herida la primera vez que caiste?, o ¿quien permaneció a tu lado mientras estabas enfermo/a?, o quizá, ¿quien secó las lágrimas de tu cara tras tu primera desilusión?, y sobre todo,  ¿quien hacía que siempre sonrieras y no pedía nada a cambio?. Reflexiona un poco y piensa si te gustaría  recompensar toda esa gratitud que de pequeño/a te ofrecieron. Quizás te ayude saber que ya hay personas que dedican gran parte de su vida a cuidar de otros y que, por un lado sienten la satisfacción de mantenerse cerca y atender a su ser querido y por otro, un gran vacío por encontrarse solos ya que los demás no comprendemos determinados comportamientos de un/a enfermo/a de Alzheimer y el sufrimiento que conlleva convivir con esta enfermedad.

Un Cuidador Dos Vidas, es el lema de los talleres que este año ha organizado la Obra Social de la Caixa orientados a los cuidadores de enfermos/as de Alzheimer que se han llevado a cabo en la sede de nuestra asociación, y es que, esta frase manifiesta muy bien la realidad en la que viven los/as cuidadores/as al tener que atender dos vidas; la de su familiar y la suya propia. En ocasiones no nos damos cuenta de la importancia que tiene su trabajo para el/la enfermo/a y la labor tan difícil pero bonita a la vez que desempeñan diariamente, desde aquí les doy la enhorabuena por ello y les animo a que continuen como hasta ahora y si en sus momentos de flaqueza necesitan una palabra de consuelo seguro que la encuentran en la mirada de la persona que están cuidando, aún así, les recuerdo que pueden contar con la Asociación para todo lo que necesiten.

No es fácil cuidar a un/a enfermo/a de Alzheimer, ni al comienzo de la enfermedad por el desconcierto que genera, es un gran impacto para la familia que implica toma de decisiones y cambios para adaptase a esta nueva situación; ni mucho menos en fases avanzadas cuando el/la enfermo/a necesita que le ayudemos a realizar todas sus necesidades básicas: alimentación, higiene, traslado.... Por este motivo, no es raro que nos encontremos familiares que se encuentren desbordados y estresados tanto por la falta de tiempo como por la incertidumbre de no saber si están haciendo todo lo posible y lo bien que deberían. La mayoría de los familiares se creen “superseres” capaces de soportar todas las situaciones y dejan su vida hacia un lado viviendo por y para el/a enfermo/a. Esta reacción es de alabar, ya que está movida por el amor y afecto hacia su ser querido, pero no es la más acertada ya que, con el tiempo, esta situación es insostenible y aparecen las quejas y enfermedades del cuidador: ansiedad, depresión, problemas musculares....

 Quienes mejor pueden expresar lo que se piensa y siente en este tipo de situaciones son los propios cuidadores, la poesía que esta cuidadora dedica a su madre enferma de Alzheimer así lo demuestra.

 

Siento que no recuerdes mi cara,
Siento que no sonrías como antes,
Siento que tus días a veces sean sombríos,
Siento que algunas noches tengas miedo
a pesar de que te coja de la mano.
Siento que me mires y no me veas.

Me duele que poco a poco dejes de ser quien fuiste,
Me duele que olvides lo que un día aprendiste y me enseñaste,
Me duele solo poder hacerte compañía
Y aun así que te sientas a solas.

Lucho cada día por ti, por mí,
Lucho ante la impotencia de no admitir que poco a poco te vas,
Lucho porque comas, que lleves el pelo como siempre te gusto,

Lucho porque no dejes de ser tú misma,
Lucho por no perderte tan deprisa.

Perdóname si muchas veces te riño con o sin motivo,
Perdóname si olvido que tú olvidaste que hoy es mi día,
Perdóname si te fuerzo más de lo que debo,
Perdóname si te pido que me mires,
Perdóname si te pido que me oigas,
Perdóname si te pido que me llames por mi nombre

Gracias por darme la vida, por amamantarme,
Gracias por cuidarme cuando me subía la fiebre y lloraba sin parar o sin motivo...
Gracias por llevarme de paseo, por acompañarme el primer día al cole,

Gracias por decirte mil veces no a ti mima en pos de mí,
Gracias por curarme las heridas,
Gracias por tus cálidos y fuertes abrazos y besos.

Te agradezco que a pesar de todo lo que hayamos sufrido y nos queda por sufrir,
Yo haya aprendido a cerrar mis ojos y mirarme por dentro, a reflexionar, a contener las prisas, a caminar despacio junto a ti en tus paseos,.....

Gracias.

De alguna forma todos nos podemos sentir identificados con algunas de estas palabras porque en algún momento hemos sido cuidadores de  nuestros padres, abuelos, hijos, hermanos, sobrinos... y  quien sabe si algún día seremos nosotros los que necesitemos estos cuidados, y si se produjera esta situación cómo nos gustaría ser tratados.  ¿Cómo te sentirías si de repente estubieras rodeado de extraños que te obligaran a hacer cosas que no quieres, que te gritan, se ríen, lloran..., a los que no comprendes ni te comprenden?. ¡Qué bueno sería que los demás  entendieran cómo te estás sintiendo!. Vuelve ahora a la realidad porque a tu alrededor hay personas que están viviendo eso que tú sólo has imaginado y necesitan que tú los comprendas. ¿Estás preparado para comprenderlos?

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